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La finalidad de los actos devocionales es introducirnos, progresivamente, en el misterio amorosísimo de Dios con todos los hombres y mujeres, realizado en Jesús: SU ENTREGA TOTAL Y REDENTORA EN EL MADERO DE LA CRUZ. También envolvernos en los brazos de nuestra madre la Virgen María: mujer fiel a la acción del Espíritu. En dejarnos orientar y guiar por el designio divino de Dios. El vivir con alegría y coraje como María que experimentó durante su vida terrena: se adhirió, ya desde la profecía del viejo Simeón, el dolor y sufrimiento que le iba a acompañar en su caminar. Toda esta realidad la asumió con fe esperanza y caridad. Y al igual que su Hijo, desembocó en la luz, es decir, en la gracia plena de Dios Padre.
No deben considerarse como fines en sí mismas; son medios que permiten recordar y vivir la entrega generosa de un Dios que asume la debilidad humana y la eleva para hacerla participar de su divinidad.
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