Analizando la historia de la presencia misionera pasionista en la selva peruana, podemos constatar como tres soportes sobre los que se ha ido realizando nuestra labor:
El primer soporte comenzó por la enseñanza, la educación. La educación como formadora de personas, base para cualquier anuncio del Evangelio. Los misioneros dieron gran importancia a la creación de escuelas parroquiales y a la formación del profesorado. Se sembraron escuelas por todo el suelo misionero.
Incluso se creó la Escuela Normal de Yurimaguas para la formación del magisterio, conocida como Escuela Normal E Javier Burgoa. El P. Juan Primo fue el gran defensor y protector de los Maestros de toda la Zona del Vicariato de Yurimaguas.
Otro de los esfuerzos apostólicos fue la atención a la salud de las gentes. Se crearon Centros de Salud por todas las orillas de los ríos, únicos caminos para llegar a las poblaciones. Se multiplicaron los promotores de salud.
Se construyeron lanchas que hiciesen posible esta movilidad de los promotores y la asistencia a los caseríos. Antes de que los servicios de salud del Estado llegasen ya habían llegado los misioneros.
Una de las maneras de dar más eficacia a la acción misionera durante los últimos años, ha sido sin duda, la creación y animación de los “animadores”.
Personas de los mismos centros poblados a los que se les ha ido preparando, para que sean ellos los testigos vivos del Evangelio, animen a las comunidades y presidan las celebraciones allí a donde no siempre puede llegar el misionero.
Se los reúne varias veces al año. Se les suministran los materiales necesarios para su trabajo.
Ellos están siendo la presencia viva de la Iglesia.
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