SANTA MARÍA GORETTI

DIOS NOS CONTEMPLA DESDE EL CIELO

“cuando en el campo de batalla luchamos por la fe, Dios nos contempla desde el cielo.
Nos contempla también los ángeles y el mismo Cristo.
¡Qué excelencia tan alta, qué suerte tan bienaventurada luchar en la presencia de Dios y recibir de Cristo… la corona de la victoria!”

S. Cipriano de Cartago.

 

Querido amigo (a)
Te invito para que des una mirada a estas páginas, que están elaboradas para ti con mucho cariño, fruto de una reflexión a la luz del evangelio. En ellas encontrarás la vida de una niña que, víctima de los deseos pasionales de un joven, tiene el valor y el coraje de rechazar semejante asedio, terminando cruelmente acribillada y teñida en su propia sangre.
Deseo de todo corazón que la lectura y la meditación de estas páginas de la vida de esta santa mártir te ayuden a valorar la vida, que es un don maravillosa que el Señor te ha regalado.
María Goretti es una mártir porque sufrió el martirio, dio su vida por defender la pureza y lo hizo por amor a Jesús. Fue el mismo Dios quien la fortaleció en el momento de la tribulación.
El mártir es testigo de una fe totalizante y de un amor sin limites al Señor. Los mártires son testigos victoriosos, porque ganan perdiendo y vencen muriendo. A semejanza de lo que le sucedió a Jesús, la muerte es su victoria, la humillación su gloria, la derrota su triunfo y el martirio su exaltación.
Pero, ¿dónde está la esencia más profunda del martirio? ¿Cuál es el sentido de una muerte aparentemente sin sentido?
El fundamento bíblico son estas palabras de Jesús: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Esta afirmación del señor encuentra su mejor forma de la expresión en la pasión y muerte de Jesús en la cruz. Allí El se presenta como modelo de todos los mártires. El amor que le llevó a dar la vida por nosotros es el impulso más fuerte de todo verdadero martirio. El mártir ha de estar lleno de un profundo amor de Dios.
Este mayor testimonio de amor necesita de una gracia o una vocación especial. El martirio no puede ser nunca obra de las propias fuerzas humanas; es siempre un don de Dios. Sólo la iniciativa, la llamada y la gracia de Dios hacen a uno capaz de vivir esta forma tan heroica de amor. El martirio no se improvisa, sino que se prepara, y de manera consciente María Goretti se fue preparando para recibir esta gracia de Dios.
Jesús nos invita a seguirle con firmeza, a creer en su palabra, a no claudicar en nuestra fe y a seguir creyendo que aún existen personas que entregan su vida por el evangelio. Y tú, ¿estás dispuesto a dejarlo todo y seguirle? Jesús te dice: “Ven y sígueme”.
                                              

Y estando allí se cumplieron los días del parto (Lc 2,5)
María sólo pudo encontrar para dar a luz un establo. Un establo no era elegante, ni siquiera limpio, pero proporcionaba algo esencial para María: intimidad y aislamiento, que no había encontrado en ningún otro lugar de Belén. Allí, dio a luz su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales. Después el Ángel anunciará a los pastores el nacimiento del Salvador.
En el nacimiento de María Goretti no sucedió nada de estas cosas. No tuvo nada sobrenatural. No vinieron ángeles del cielo, ni pastores, ni reyes magos.  Pero, sí nacía una niña que derramaría su sangre por defender su pureza.
Nace en Corinaldo (Italia) el 16 de octubre de 1890.sus padres son don Luis Goretti y doña Assunta Carlini. Como buena familia cristiana, los Goretti bautizaron a la niña al día siguiente de su nacimiento, en la Iglesia de San Francisco de Corinaldo, poniéndole el nombre de María Teresa, y de cariño llamarían a la niña Marietta.
Así, como Jesús, fue creciendo en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres. Hay que reconocer que: “María Goretti es una alma escogida por la gracia de Dios, formada en sacrificio y exaltad sin mancha en el martirio”.
Marietta, conforme crecía, se iba dando cuenta de la situación económica que vivía su familia. Comprendió que tanto su pueblo, Corinaldo, como sus padres poco le podían ofrecer. Debido a la pobreza en que vivían los Goretti, la niña María Teresa no pudo instruirse en una escuela, La primera escuela tiene que ser en su hogar; el hogar es el núcleo familiar donde el niño da sus primeros pasos. Esto lo tuvo muy presente Assunta y a pesar de que ella era analfabeta, fue educando a Marietta, le inculcó los valores cristianos y fue despertando en la niña el deseo de comunicarse con dios a través de la oración.
A los 6 años, en Corinaldo, recibió el sacramento de la “confirmación”, el cual le dará valentía en los momentos difíciles de su vida. Marietta siempre demostró ser una niña muy fuerte de espíritu. Aunque su mamá, Assunta, contaría después, que Marietta actuaba como cualquiera otra niña de su edad: “Era muy atenta ante los quehaceres del hogar, descuidaba en nada a sus hermanos”. A pesar de que era muy pequeña, les inculcaba a sus hermanos lo que había aprendido de la religión: “los valores del reino de los cielos”. Lo mejor que el ser humano puede hacer, es compartir lo que aprende y dar testimonio de lo que dice, lo demás, vendrá por añadidura.

Los zorros tiene sus cuevas y las aves su nido, pero el hijo del hombre no tiene donde recostar su cabeza (Mt 8,20)
Los evangelios nos relatan que en toda su vida pública, Jesús fue un eterno caminante. Recorría los pueblos judíos predicando la Buena Nueva: Jesús no tiene una casa propia donde pueda descansar;  incluso, Jesús celebra la pascua con su pequeño grupo de discípulos en una casa ajena.
He tenido la oportunidad de ver partir a mucha gente fuera del país y cuando se despedían me decían: “me voy triste, porque mi país no pudo darme lo que yo tanto anhelo, así que voy en busca de esto a otro país”. Para algunos es difícil estar lejos del lugar que les vio nacer. Pero, no todos parten por el mismo motivo. Unos para asegurar un trabajo bien renumerado y otros para buscar un fututo mejor. Durante el tiempo que llevo alejado de mi familia he podido darme cuenta qué es lo que sienten estas personas, pero puedo decir que cuando se quiere seguir a Jesucristo y se ama a la familia, no importa la distancia, porque en nuestro corazón y en nuestra mente siempre están presentes.
Por esta misma situación pasó también la familia Goretti, tuvo que emigrar a un lugar desconocido para buscar mejorar su bienestar familiar, ya que Corinaldo poco le podía ofrecer. El padre Marietta, Luís, se vería preocupado ya que no tuvo que partir solo, sino con cuatro pequeños niños. ¿Cómo se sentirían?, seguramente se preguntarían: ¿qué comerán mañana mis hijos?, ¿encontraremos un lugar dónde cobijarnos?. Partieron con una gran incertidumbre. Sólo les tocaba poner su confianza en aquel que todo lo puede: “en el que da a cada cual lo que le hace falta ”. Cuántas veces mirarían su querida ciudad, Corinaldo. Pero, a pesar de todo, la niña Marietta se iba preparando en su corazón.
No consiguieron lo que con tanto anhelo esperaban. Todo parecía estar mal para ellos. A pesar de que Luís encontró trabajo en la finca de Colle Gianturco, no le fue tan bien. Parecían eternos buscadores de trabajo. Más tarde contaría Asunta que no eran bien tratados y que solo podían comer pan de maíz y polenta. En esta finca más se trabajaba y poco se comía. Nos vimos obligados a dejar esta finca, porque nos exigían más de lo que podíamos dar. Así que para buscar algo mejor para nuestros hijos, decidimos partir a otro lugar.

Quédate con nosotros, porque es tarde y ya ha declinado el día, y entró para quedarse con ellos (Lc 24, 29)
Es hermoso cuando uno comparte lo que tiene. Invitar a un caminante desconocido, era conocer la intimidad de estos dos discípulos: donde vivían, cómo vivían, qué comían, qué hacían, etc. Nosotros no invitamos a un desconocido a nuestra casa.
Los Goretti no serían los únicos que salieron de su tierra para buscar mejores familiares. Al tercer año de haber emigrado, la familia Goretti conoció a los Serenelli, venidos del torrente de Ancora, con la esperanza también de encontrar algo mejor. La familia Goretti tuvo que compartir la casa con los Serenelli, ya que estos trabajarían en la misma finca. Asunta hubiera preferido vivir sola con su familia; pero la pobreza y la necesidad les obligaron a compartir la casa con los  Serenelli.
En Paliano donde participaban de la Eucaristía se quedaban luego para hacer algunas compras y vender huevos, palomas y algunos productos de campo. En muchas ocasiones Marietta iba sola al mercado a vender estos productos, ya que la mínima entrada ayudaba para mantener la economía del hogar. Ángela Terenzi nos dirá: “Lo que más me llamaba la atención de Marietta era su espíritu de sacrificio, su docilidad y su serenidad para realizarlas las cosas.”
Es muy frecuente escuchar esta palabra: “en nuestra vida tenemos siempre cruces, unas son más pesadas que otras, pero si la cruz va acompañada de Cristo, ésta se hace más ligera”. Pues, de esta Cruz no estuvo exenta la familia Goretti. Así fue cómo en la soledad del campo se iba preparando Marietta para más tarde ofrendar su vida al Señor por defender su pureza.
Como no le fue bien en la finca de Colle Gianturco, entonces la familia Goretti tuvo que emigrar a otro lugar en busca de trabajo. La familia Goretti y los Serenelli recibieron la propuesta del conde Atilio Gori Mazzoleni para que trabajasen en su finca, situada en la zona de “Le Ferriere Di Conca”. Aunque este lugar tenía mala fama, ellos aceptaron trabajar en este lugar. La mal reputación del lugar era porque allí se escondían ladrones, asaltantes, malhechores, los cuales eran buscados por la policía.
La zona de Conca era una tierra lúgubre y de mala fama, caracterizada por las casas aisladas, los corrales de animales y las cabañas para los pastores que, en invierno bajaban de las montañas con sus rebaños.
En este ambiente iba creciendo en humildad y estatura la pequeña niña Marietta. Una de las características peculiares de esta niña era su espíritu de trabajo. En varias ocasiones iba Marietta a Neptuno a orar y luego de recogerse en el espíritu, seguía su faena vendiendo huevos, palomas y algunos productos de campo.

Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu y al decir esto, expiró (Lc 23,46)
Una vez Jesús pronunció estas palabras, expiró: pero, ÉL no quedaría oculto en una tumba. Sino que resucitaría glorioso. Además, Él quiso quedarse con nosotros: “yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos”.
Una persona no muere el día que deja este mundo, sino que muere el día en que sus seres queridos la olvidan. De esta manera la vida le dará un duro golpe a la familia Goretti. Al año y tres mese de haber llegado a Colle Gianturco, estaba propagándose por este lugar la malaria, esta enfermedad ya había cobrado muchas víctimas. Pocos días después, Luís quedó contagiado por esta enfermedad. Luís llevó todo con paciencia. Asunta y sus hijos pusieron toda su confianza en el señor y el Madre Santísima, todos los días rezaban el santo rosario y pedían por la saludad de Luís.
La situación de esta familia comenzó a decaer aún más cuando Luís Goretti muere el 6 de mayo 1900, tenía la edad de 41 años. Triste muerte ha de ser tener que morir fuera del lugar que te vio nacer. Y muchas veces tener que morir sin tener a tu lado nadie que te acompañe en le tránsito a la otra vida.
Seguramente al fallecer Luís, que era quien sostenía la casa, se preguntaría Asunta, y ahora ¿qué será de mí?, ¿qué será de mis hijos?, ¿cómo sacaré adelante a i familia? Como ellos eran creyentes, pusieron toda su confianza en Dios “que es aquel que hace salir el sol sobre justos y pecadores”. Pero, ¿cuál sería  la reacción de Marietta ante tan inesperado suceso? Desde que murió su padre, era esta niña quien daba fuerzas a su madre, ella se convertiría en el angelito de la casa. Pero, ¿quién le daba fuerzas a Marietta?
¿Quién la escuchaba, cuando en dos ocasiones Alejandro quiso abusar de ella? No podemos negra que sacaba fuerzas de Dios. Todos nosotros necesitamos a alguien aquí en la tierra para contarle lo que nos sucede y sin duda, esa persona es nuestra madre. Lo que debe primar en la familia es la comunicación y la comunión. Estos elementos son importantes en una familia.
La muerte del padre hizo a la niña más seria, ya que ella lo quería mucho. Cada tarde rezaba por él el rosario y cuando iba a Borgo Montillo, después de hacer sus compras, se dirigía al cementerio y oraba por su papá.
Marietta siempre les decía a sus hermanos: ¿Qué hubiera sido de nosotros si no hubiéramos tenido a nuestra madre? Sin duda, una madre viuda y con cinco hijos tiene que ser el sustento del hogar, pero, cómo trabajar y dejar en casa a sus hijos aún muy pequeños.
Asunta, si quería seguir trabajando, tenía que convencer al administrador de la finca, para que ella reemplace a su marido  en el trabajo. Pero, para ello, tuvo que dejar a su hija Marietta, aún muy pequeña, al cargo de los trabajos de la casa, mientras Assunta iba a realizar las faenas del campo con su hijo Ángelo. Marietta pondría mucho empeño en ayudar a sus hermanos, los corregía cuantos éstos se comportaban mal con su madre, les enseñaba las oraciones y rezaban en familia el santo rosario.
Los obstáculos que encontramos en el camino nos sirven para fortalecer nuestro espíritu. Nada en nuestra vida es fácil. El problema que Assunta tenía no solo era en la finca donde trabajaba, sino también con los Serenelli, ya que compartía la casa con ellos.  Estos, después, de que murió Luis Goretti se mostraron duros con Assunta. Pero se dice que el problema era porque un día Juan Serenelli después de la muerte de Luís, propuso matrimonio a Assunta y ella no le aceptó. Assunta prefirió mantenerse fiel a su esposo difunto y por el gran amor que le tenía nunca más se volvió a casar.
Desde que murió su padre, Marietta cambió mucho en su carácter y sufrió en casa con la familia Serenelli, porque ellos le comenzaron a hacer la vida imposible. ¿Qué es lo que vio Alejandro Serenelli en Marietta?, ¿Qué es lo que llevaría  más tarde a cometer tan horrendo crimen?. Él mismo más tarde testificaría: “Yo le puse la mirada a Marietta, porque solo quería satisfacer mis deseos carnales. Por ser muy tímido y no tener el valor para ir con mujeres mayores, puse en María Goretti todo mis deseos”.
En un hogar siempre es importante la figura de la madre, y ésta es la que le faltó a Alejandro, ya que éste perdió cuando aún era muy niño.
Marietta siempre mostró un espíritu trabajador, no sólo se contentaba con hacer las faenas del hogar, sino que también iba al mercado a vender huevos, palomas y algunos productos del campo. Ella estuvo atenta a las necesidades de la casa. En casa, Marietta no solo cuidaba a los niños, sino que también los inculcaba valores cristianos que ella había aprendido al hacer su “confirmación”.
Marietta fue una niña muy humilde, se contentaba con lo que su madre le compraba, y lo que buenamente algunas personas le regalaban, nunca rechazó según presente, y cuando alguna persona le insultaba ella respondía con buenas palabras. Pero, el hechote ser pobre no quiere decir que la persona ande siempre sucia, Marietta, a pesar de ser pobre siempre andaba limpia, más aún, amó tanto la limpieza de corazón. ¿De dónde le venía esa pureza de corazón a esta niña tan humilde?. Recordemos que Marietta siempre rezaba el santo rosario y honraba mucho a María, Madre nuestra: las fuerzas le venían de Dios.
Marietta también era obediente. Assunta nos cuenta que la niña Marietta nunca desobedeció alguna de sus órdenes. No sólo era obediente ante los mandatos humanos, sino que cumplía fielmente los mandamientos  de la le de Dios. Por esta obediencia a Dios tenía en claro lo que era el pecado, sabía que si pecaba ofendía a Dios. Siempre recordaba que Cristo había muerto por nosotros y ella con ese temor de ofender a Dios se preguntaba muy conmovida: ¿Quién soy yo para ofender a mi Señor y Creador?

El niño crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres (Lc 2,52)
Toda alma que Dios quiere, tiene que prepararla. Y esto se consigue con ayuda.  Jesús tuvo que prepararse para su ministerio, y lo hacía comunicándose con su Padre, a través de la oración. La oración en la vida de María Goretti, cumple el rol muy importante de fortalecer su espíritu.
¿Cuántas veces Alejandro Serenelli le insinuaría a Marietta que quería abusar de ella? Él mismo contaría que en el proceso de beatificación: “fueron dos los intentos y en ninguno de ellos conseguí mi objetivo, y ante el tercer asalto, si no conseguía mi objetivo, la mataría”.
¿Por qué María Goretti no contó nada de tal asedio a su madre . ¿Acaso la niña no le tenía confianza a su madre? Alejandro la había amenazado: “si le cuentas algo a tu madre, te mato”. Ante tan horrenda amenaza, la niña prefirió mantenerse callada y no decir nada. Este no será el único motivo, Marietta era consciente de que con los Serenelli, las cosas en casa no andaban bien, y ella no queriendo entorpecer la relación no contó nada a su madre.
Sabemos bien que la Santa tenía en claro lo que era el pecado. El jueves santo de 1902 Marietta en compañía de su amiga Teresa de Cimarelli fue a Nettuno a la celebración de los oficios del día, y en la homilía escuchó al padre hablar: “Sobre los sufrimientos de la Pasión de Nuestro señor Jesucristo”, que fue crucificado para redimirnos del pecado.
Y ella hizo este propósito: “antes morir, que pecar”.
¿Qué la movía a querer mantener su pureza? En ese amor tan grande que le tenía a Dios. Este amor fue el que rigió toda su vida, fue lo que la llevó a realizar las cosas del hogar con alegría, cuidar a los hermanos con mucho esmero, estar atenta a las cosas que le faltaba a sus hermanos. Incluso, por amor, Marietta pudo perdonar a Alejandro Serenelli, el que más tarde será su asesino.
Con la ilusión de recibir a Jesús Sacramentado, Marietta asistió once meses seguidos a Conca, donde se preparó para realizar su “Primera Comunión”. Aprendió muy bien el catecismo y sobre todo los valores cristianos. Una vez que estaba preparada para recibir este sacramento, su madre Assunta preguntaría a sus catequistas si Marietta estaba preparada para recibir este sacramento, y, estos le respondieron que sí estaba preparada. La ceremonia se realizó en la Iglesia de Borgo Montillo, en Conca.
Este día, muy especial para Marietta, estaba vestida que parecía un ángel. Y, ¡qué humildad la que demostró María Goretti! Antes de salir de la Iglesia se pone de rodillas y pide perdón, primero a su madre, Assunta, y, luego a Juan Serenelli y, después a su futuro asesino. Este gesto tan humilde le recordaría Alejandro toda la vida. Junto con ella iban recibir la primera comunión otras niñas y su hermano Ángelo. Marietta ofreció la primera comunión por su querido padre.
Aquel día en la casa de los Goretti no hubo regalos, ni banquete, ni invitados. Eran muy pobres, la niña se contentó con todo esto. Pero huno gracia de Dios que no se puede comprar con nada.
Después que hizo la primera comunión comulgó dos veces más. Ella ya presentía su muerte. Hay dos acontecimientos importantes en la vida de la Santa. Uno de estos es que Marietta siempre le decía a su madre: “mamá no me dejes sola”. Pero, ¿Qué era lo que estaba pasando en su corazón?. Recién después de la muerte de la niña, comprendió su madre, qué es lo que le quería decir con estas palabras. Y el segundo acontecimiento sería en víspera de su muerte. Sobre esto declarará Teresa Cimarelli: un día antes de que fuera asesinada, Marietta, me dijo: “cómo quisiera que fuera domingo para recibir la Comunión”.
El ser humano como criatura hecha a imagen y semejanza de Dios debe siempre de cuidar  para mantener a su propia especie, y lo hace manteniendo la cordura adecuada y ante todo debe de saber controlar sus instintos, a esto solo se llega cuando la persona tiene madurez necesaria. Y esto fue lo que le faltó a Alejandro. Vivió en un mundo lleno de diversiones, encerrado en sí mismo y, sin que su padre le pudiera brindar la ayuda que él necesitaba. Tampoco conoció el cariño materno, debido a que su madre murió cuando aún era muy niño.

No temas a los que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más (Lc 12, 4)
Marietta tuvo presente esta frase de Jesús. Además, qué pueden hacer los hombres. Por más daño que hagan, en un momento de locura, sólo pueden quitar la vida, pero no pueden condenar. Podrán matar el cuerpo, pero no el alma. Además, nadie tiene derecho a quitarle la vida a su prójimo.
Más tarde, arrepentido confesaría Alejandro Serenelli: “el 5 de julio decidí hacer el tercer intento, ya que las dos veces anteriores mi propósito había fallado, esta vez decidí que si Marietta no cedía para que satisficiera mis deseos carnales, la mataría. Fue así entonces que desde ese momento comencé a buscar la mejor oportunidad”.
Al día siguiente eran las tres de la tarde y me di cuenta que Marietta estaba sola en casa, y en mi locura no quise perder esta oportunidad. Como estaba trabajando arriando unos bueyes, le dije a Assunta que ya regresaba y dejando todo me dirigí a la casa y pasé directo a la habitación donde había un cajón viejo y de aquí Saque un punzón  viejo muy afilado. Luego lo escondí y salí del cuarto y fui en busca de Marietta. Cuando encontré a Marietta me le acerqué y le exigí que entrara a la primera habitación que había en la casa, al no escuchar respuesta alguna me enfurecí y perdí los controles, la pasión en eses momentos me cegaba. La cogí del brazo y la arrastré a la cocina, entonces ella decía: “eso es malo, te vas a condenar”, y entonces me di cuenta que esta vez de nuevo fallaría mi objetivo. Y, enfurecidamente le clavé el punzón en el vientre, ella se defendía y gritaba muy fuerte ¡Ay Dios mío, me muero…!. Después que hizo tal fechoría, comprendió que la había herido de muerte y salió corriendo de la cocina y se encerró en su cuarto.
Siempre me he dicho !Qué valentía de María Goretti! Comprendió que la pureza no es sólo parte de nuestro ser, sino que es nuestro ser total y prefirió ofrendar su vida antes de ofender a Dios. 
Después de esto testificará la misma Assunta. “yo estaba trabajando y me di cuenta que ya no estaba Marietta en la escalera y entonces escuché llorar a Teresina, yo por miedo a que Teresina pudiera rodar por la escalera dije a Mariano: “vete a ver qué hace Marietta, la niña está llorando”, entonces divisé que el viejo Juan Serenelli subía corriendo por la escalera y me gritó desde ese lugar: “Assunta, ven, sube”, y yo dejando todo subí. Al ingresar a la casa me di cuenta que  Mario Cimarelli llevaba a mi Marietta en brazos a mi cuarto. Le pregunté qué es lo que le sucedía a Marietta y Mario me dijo que era un simple desmayo. Él tampoco se había dado cuenta de lo que a mi Marietta le sucedía. Y yo, ya sospechaba que Alejandro le había hecho algo y para cerciorarme de mi mal presentimiento le quite la ropa y vi su vientre de Marietta partido, entonces comencé a gritar. A mí me llevaron a la casa de Teresa Cimarelli donde su cuñada me cuidó. Pero antes vi llegar al médico a toda prisa. Después Marietta fue llevada al hospital. El camino era largo para Marietta y a casa momento preguntaba cuánto faltaba para llegar. El camino era muy pedregoso y esto hacía que los dolores de la niña fueran insoportables.

En verdad te digo, hoy mismo estarás conmigo en el paraíso (Lc 23, 43)
Llegando, cuatro jóvenes metieron rápidamente la camilla en el hospital. Los tres cirujanos, los doctores Bartoli, Perotti y Onesti, ya estaban preparados. Antes comenzar la operación, el doctor Bartoli, que había prestado los primeros auxilios a la niña ya sabía la gravedad de caso, se dirigió a sus colegas y les dijo: “mejor será que la dejemos confesarse primero. La niña podría morir en nuestras manos”. Entonces se llamó al capellán del hospital, el padre español Martín Guijarro, este pidió el consentimiento de la madre, y Assunta le dijo: “ya que ha podido llegar hasta aquí, lo primero será que se confiese”.
Así como Jesús perdonó al ladrón arrepentido y este le pidió que acogiese en su reino, esta escena se volvió a repetir. Antes de recibir la sagrada comunión, el padre Martín le pregunta a la niña: “Quieres perdonar a tu agresor”. Y la respuesta inmediata llena de amor y sin rencor se escucha en el quirófano: “Sí le perdono  y quiero tenerlo junto a mí en el paraíso”. El perdón siempre es posible si llevamos a Cristo en nuestro corazón. De esta forma lo demostró María Goretti al perdonar a su agresor: no solo lo perdona, sino que también pode que esté junto a ella en el paraíso celestial.
Durante dos horas tuvo que soportar el cuerpecillo de Marietta la intervención quirúrgica. Recordemos que en este entonces no existía la anestesia. ¡Cómo sufriría la humilde niña! La muerte de Marietta fue difícil, pero evoquemos lo que padre Mauro, pasionista y postulador de la causa de la canonización de la Santa hace referencia. Presenta un paralelismo entre la muerte María Goretti y la muerte de Jesús.
Marietta perdonó por amor a Dios a Alejandro Serenelli, su asesino, y, además quiso que éste estuviese junto a ella en el paraíso.
Jesús había hecho lo mismo con el pecador arrepentido, cuando ésta reconoció que Jesús estaba pagando una pena injusta y le dice a Jesús: “Señor, acuérdate de mí cuando estés en el paraíso”. Y la respuesta de Jesús no se hizo esperar: “Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”.
Marietta desde que había sido acribillada por su agresor no había probado ni una gota de agua, además los doctores habían prohibido darle agua porque la pobre niña tenía vientre partido. Cómo sufriría la niña al no poder tomar ni siquiera una gota de agua. Imaginémonosle calor de aquel mes de julio, donde los hospitales no tenían aire acondicionado y la pobre campesina se encontraba luchando con la muerte.
Uno de los peores momentos de los crucificados es la sed. Jesús de nada se quejó en su pasión, solo de la sed, cuando en la cruz exclamó: “tengo sed”. Y le dieron a beber el vino agrio.
Maria Goretti era consciente de que la madre de Jesús la estaba esperando, y de esto da testimonio una enfermera que la escuchaba decir con frecuencia: “La madre de Dios me está esperando”. Los doctores muy poco pudieron hacer por Marietta, solo veinte horas le prolongarían la vida. Assunta no se olvidó de preguntar al doctor si Alejandro había hecho algo con la niña, si le había deshonrado o la había violado. El doctor le contestó: “No, no rengas la menor duda, Marietta está intacta recién nacida”.
El domingo 6 de julio por última vez se acercó su madre Assunta a Marietta y, consciente de que había entrado en agonía, le dijo a Marietta: “hija, perdona todo lo que te ha hecho y pide a Dios por nosotros”. Marietta perdonó todas las cosas que le habían hecho. Pero, como la niña sufría mucho, una enfermera le dijo a Assunta: “Señora, Marietta el verla a usted sufre mucho, mejor será que se aparte un poco”.
Las últimas palabras fueron para su amiga Teresa Cimarelli, pero elle no se encontraba en el hospital. Entonces Marietta dejó caer la cabeza hacia la almohada y se durmió en el Señor. Al de la muerta, Assunta, lanzó un grito fuerte: “pobre hija mía”.

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen (Lc 23,34)
Era hora de la oración. Jesús que había evitado hablar cuando lo azotaban, que había esquivado todo tipo de respuesta polémica, se volvía ahora a su gran soledad interior para hablar con el padre. En revalidada, Jesús pide perdón para el mundo entero.
Jesús espera de nosotros que nos arrepintamos de las faltas que cometemos a diario. El arrepentimiento nos lleva a darnos cuenta de nuestros errores, y da cabida parque Jesús ingrese a nuestro corazón. Alejandro se dio cuenta de esto, pero tuvo que pasar un tiempo de purificación.
Después de haber cometido el horrendo crimen, Alejandro Serenelli quedó en poder del Conde Mazzoleni, quien hizo que lo custodiara un grupo suyo armado. Pronto acudieron otros hombres con escopetas y machetes para custodiar la casa para que no escapara el asesino.
Alejandro fue llevado a la cárcel y condenado a treinta años de prisión. De haber sido mayor de edad, lo hubieran condenado a cadena perpetua. Él mismo declaró después: “Mi condena conllevaba también a tres años de aislamiento celular. Es para volverse loco. No puede haber pena mayor, siempre con sus propios pensamientos, siempre en silencio, y durante tres años”.
Al principio, Alejandro  se mantenía obstinado y daba al tribunal respuestas de rechazo. Luego comenzó a inventar nuevas historias. Decía que viendo que a pesar de su duro trabajo, por las condiciones que se encontraba, estaba condenado a vivir en la miseria, asesinó a la niña Marietta para así ser metido en la cárcel y poder vivir sin trabajar, que la niña Marietta había consentido semejante horror.
Más, llega el momento en que Dios toca los corazones y el hombre se da cuenta de su miseria y reconoce la grandeza de Dios. Profundamente arrepentido de estas calumnias, Alejandro se retractó solamente bajo juramento y ante el Santo Crucifijo.
Le conmovió a Alejandro la visita del obispo de Noto, Giovanni Blandini. La visita del obispo había sacudido su conciencia, Alejandro mismo cuenta: “el obispo de Noto, era muy anciano y apenas podía andar. Sin embargo, quiso hacer esta obra buena y vino personalmente a verme. Se le caían las lágrimas, que se enjugaba con un pañuelo”.
También le sacudió profundamente un sueño en el que Alejandro vio a la niña Marietta que le ofrecía lirios, que inmediatamente se convertían en pequeñas llamas: “Era el último año de mi prisión celular”. Hubiera enloquecido de tanto sufrimientos. Turbaban mi mente ideas de desesperación cada vez más violentas, cuando una noche tuve un sueño en el que pronto me vi en un jardín. Sobre un macizo de flores blancas y lirios, entonces veo descender a Marietta bellísima, vestida de blanco. Recogiendo los lirios, me los ofrece a mí y me dice: “Tómalos”. Y me sonríe como un ángel.
Animado por esta sonrisa y sin pensar siquiera en arrodillarme y pedirle perdón, voy tomando uno a uno los lirios que ella me ofrecía, hasta no poder abarcar ya en mis brazos. Entonces me doy cuenta de que los lirios se iban transformando en llamas. Marietta sonríe nuevamente y desaparece.
Yo me despierto y, lleno de confianza me digo a mí mismo. “Ahora también yo me salvo. Marietta ha venido personalmente a verme y a otorgarme su perdón. Estoy seguro de que ella pide por mí”. Tan maravillosa visión ablandó su alma y la fue preparando para la conversión. Este es el mayor logro de María Goretti.
Alejandro salió de la prisión en 1929. Por su buen comportamiento, le condenaron tres años de cárcel en la amnistía con motivo del matrimonio del príncipe de Piamonte. Tenía 47 años de edad. Después de muchos años de cárcel, al salir, Alejandro busca en seguida a Asunta, la madre de Marietta, y le pide perdón públicamente.
Queriendo retirase y dedicarse a hacer penitencia y oración, pensó en los pasionistas y en los capuchinos. Escribió una carta a los pasionistas del covento de Recanati y otra a los capuchinos de la comunidad de Ascoli. Como estos le contestaron primero, en 1936 Alejandro Serenelli se fue con ellos, viviendo como miembro de la tercera orden Franciscana. Entonces cambió su nombre por el de Fray Stéfano, hizo  penitencia durante muchos años y escribió una petición de perdón a todos los que había escandalizado con su mala conducta y crimen: “Yo pido perdón al mundo entero por mi mala acción contra María Goretti y su pureza, y ruego encarecidamente a todos que se aparten de los espectáculos inmorales, de los juegos, de los peligros y de las acciones de pecar”.
Antes de morir Alejandro, dejó una carta sellada y que era como su testamento espiritual. La transcribimos íntegramente: “Yo soy anciano casi 80años, ya próximo a terminar mi jornada. Echando una mirada al pasado, reconozco que en i juventud emprendí un camino falso, el del mal, que me condujo a la perdición”.
Por la prensa, los espectáculos y los malos ejemplos, veía que la mayor parte de los jóvenes seguían ese camino sin pensar. Tampoco yo me preocupaba de eso. Personas creyentes y practicantes las tenía cerca de mí; pero obcecado por una fuerza bruta que me empujaba por el mal camino, no les daba importancia.
A los 20 años cometí un delito pasional, del que ahora me horroriza sólo recordarlo. María Goretti, ya santa, fue un ángel que la providencia puso delante de mí para salvarme. Todavía tengo impresas en mi corazón sus palabras de reproche y de perdón. Rogó por mí, intercedió por su asesino.
Siguieron 30 años de cárcel, de no haber sido menor de edad (la mayoría entonces era los 21), me habían condenado a cadena perpetua. Acepté la sentencia merecida y expié resignado mi culpa. La pequeña María fue verdaderamente mi luz, mi protectora. Con su ayuda, me comporté bien los 27 años de cárcel y traté de vivir honestamente cuando la sociedad me acogió de nuevo.
Los hijos menores de San Francisco, los capuchinos de las Marcas, me recibieron con caridad seráfica no como un criado, sino como un hermano, y con ellos estoy hace 24 años. Ahora espero el sereno momento de ser admitido a la visión de Dios, de abrazar de nuevo a mis seres queridos, de estar cerca de mi ángel protector y de su querida madre Assunta.
Yo quisiera que los que leyesen esta carta aprendiesen a huir del mal y a obrar el bien siempre. Piensen desde niños que la religión, con sus preceptos, no es algo de lo que se puede prescindir, sino el verdadero aliento, el único camino seguro en toadas las circunstancias, “aun Paz y bien”.
Alejandro nos demuestra que la conversión es posible cuando uno tiene un encuentro personal con Dios, contemplando su rostro cara a cara. El Señor muy claro lo dice en su palabra: “Mira que estoy a la puerta y llamo, el que abre la puerta, entraré a cenar con él y él conmigo”.
        
MENSAJE PARA EL MUNDO DE HOY

Donde está tu tesoro, allí también está tu corazón
El corazón es un lugar viral para que la persona pueda tener vida. Si éste llegase en algún momento a detenerse, dejamos de existir. También es el lugar de donde nacen nuestros sentimientos; algunas veces sentimientos de bondad y en otras, sentimientos de maldad. Si tenemos nuestro corazón puesto en las cosas del Señor, nuestra vida será un reflejo de Jesús, porque nos adherimos a él con el testimonio de vida. Y si tenemos el corazón puesto en las cosas de este mundo, haremos lo que los demás hacen y seremos unos títeres del mundo. 
Una vida así fue la que llevó Alejandro Serenelli, hacía lo que los demás hacían. Pues, tenía un corazón puesto en la niña María Teresa, y en un ataque de locura cometió tan horrendo crimen. Pero la niña tenía un corazón puesto en el corazón de Jesús, y no se dejó  arrastrar por la amenazas de su asesino, prefiriendo seguir adherida a Cristo, que salvar su vida y ofender a Cristo. La vida de esta doncella es digna de admiración y veneración para toda la juventud de hoy.
Los padres de familia deben de ser los primeros educadores de los hijos que Dios les ha dado. Deben de ayudarles en los momentos difíciles, de orientarlos, de enseñarles los valores, para que cuando su virtud se halle en peligro salgan de ellos victoriosos.
Jesús nos llama a no aferrarnos a las cosas de este mundo, a los placeres efímeros y vanos, a no ceder ante la seducción del vicio, porque si nos aferramos a estas cosas no vamos a ser nosotros las que poseamos las cosas, sino ellas los que nos van a poseer. Debemos de liberarnos de todo esto para poder actuar y amar de corazón, la persona que es libre acuña concientemente y no es capaz de herir a sus hermanos, porque ella lleva a Cristo en su vida.
No todos estamos llamados a sufrir el martirio, como lo sufrió Santa María Goretti, pero sí estamos llamados a vivir con dignidad. Lo que nos regala la vida de esta santa es muy provechoso si lo tenemos en cuenta…

  • Los padres son nuestros primeros educadores en la fe: Por medio de ellos recibimos las primeras enseñanzas de la fe. Son ellos quienes con su vida y con sus obras nos van dando testimonio de lo que significa ser cristiano.
  • Tener la Eucaristía como centro de nuestra vida: Nuestro Salvador en la última cena, la noche que le traicionaban, instituyó el sacrificio Eucarístico de su cuerpo y su sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta. Jesús quiso quedarse entre nosotros, siendo el alimento que da la vida eterna. Jesús es el pan vivo bajado del cielo, que nos da la salvación.
  • Buscar siempre las buenas amistades: Los amigos son aquellas personas que nos brindan su ayuda de una forma desinteresada. Que están con nosotros en los momentos de alegría y en los momentos de tristeza. Son aquellos que nos hacen caer en la cuenta de nuestros errores, no para dejarnos en el error, sino para ayudarnos a salir de él.
  • Huir de las malas amistades: Son aquellas personas que te brindan su amistad de una forma interesada, son aquellos que sólo están con nosotros en los omentos de alegría, están solo para festejar; y en los momentos de tristeza desaparecen. Pero es precisamente en la tristeza cuando se conoce al verdadero amigo. Palabra que últimamente se ha deteriorado.
  • Tener plena conciencia de que el pecado nos aparta de Dios: El hombre, en efecto, cuando examina su corazón, comprueba su tendencia hacia el mal, que no pueden tener origen en su Sumo Creador. Toda la vida humana, individual o colectiva, se presenta como una lucha, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. Sólo con la gracia de Dios el hombre puede rechazar el pecado, que es un acto voluntario que nos aparta de Dios.
  • Perdonar a los que nos ofenden: Si queremos que Dios nos conceda el perdón de los pecados, es preciso que nosotros también perdonamos a aquellos de quienes hayamos recibido alguna injuria u ofensas y el afecto y el amor entre unos con otros, porque Dios desprecia y rechaza las ofrendas y sacrificios de los que no están reconciliados amistosamente.
  • Arrepentimiento de corazón: El hombre tiende a un último fin, cumpliendo libremente un deber impuesto por Dios: lo cumple cuando conoce y ama a Dios sobre todas las cosas. Por eso, mientras el hombre no conoce y ama a Dios, no alcanzar el fin adecuado a su naturaleza: la criatura racional puede intentar eludir este fin, pecando; y esto es el mal.
  • Silencio interior: El hombre como criatura, con fuerzas limitadas, ha recibido de Dios un medio para alcanzar el bien que desea y no puede logara por sí mismo: la oración. La Iglesia ha sostenido siempre que la santidad es un encuentro personal de cada alma con Dios, y en ese encuentro cada alma tiene que poner de su parte, para poder escuchar la voz de Dios en el silencio.
  • Poner a María en un lugar privilegiado en nuestra vida: Dios para llevar a término la redención del mundo, envió a su Hijo nacido de mujer, el cual por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación descendió de los cielo, y se encarnó por obra del Espíritu Santo en María Virgen. María, aceptando la palabra divina, fue hecha madre de Jesús y abrazando la voluntad salvífica de Dios, con generoso corazón y sin impedimento de pecado alguno, se consagró totalmente a la persona y obra de su Hijo.
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