BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA
Santa Gema nace en 1878, quinta de ocho hijos de un Farmacéutico de Luca llamado Enrico Galgani, quedándose huérfana de madre a los ocho hijos. Hasta 1893 es alumna de las Oblatas del Espíritu Santo, dirigidas entonces por la fundadora, la beata Elena Guerra.
Golpeada con frecuencia por graves enfermedades, es curada milagrosamente por san Gabriel do la Dolorosa (+1862). Reducida a la miseria por la crisis económica y la muerte de su padre, es hospedada en 1899 por la acomodada familia de los Giannini. Se ocupa de ella con particular afecto la señora Cecilia. En 1902 cae enferma de tisis, muriendo al año siguiente, el 11 de abril, sábado Santo, Pío XII la canoniza en1940.
VIDA MÍSTICA
Desde su primera formación se siente atraída por la meditación de la Pasión de Jesús y percibe profundamente la llamada a unirse a ella ‘haciéndose religiosa. Su director espiritual, monseñor Giovanni Volpi, obispo auxiliar de Luca (Italia), le concede el voto de castidad en 1896; pero cuando se encuentra con sus extraordinarias experiencias místicas, se muestra con ella extremadamente reservada, aceptando, no obstante, que desde 1900 se ocupe de ella el venerable Germano Ruoppolo, pasionista, hacia el cual el mismo Jesús ha dirigido a Gema Galgani.
En la semana santa de 1899 se inician, en efecto, grandes fenómenos místicos, el mayor de todos, el de los estigmas (8 de junio de 1899), que se repetirá luego cada semana, de la tarde del jueves a la del viernes. Este y otros fenómenos, con los que santa Gema participa en la pasión, hasta la efusión de sangre, son constatados y testimoniados por muchas personas. Se añaden a ellos muchísimas apariciones de la Virgen María, del ángel custodio, de san Pablo de la Cruz y de san Gabriel. Son memorables, además, las vejaciones que ha de sufrir de parte del diablo. La misma Gema, por obediencia, escribe un relato autobiográfico de este periodo; contamos además con las transcripciones de lo que la santa decía en voz alta durante sus frecuentísimos éxtasis.
Otro documento valiosísimo son las numerosas cartas escritas por ella, especialmente al padre Germano. Los severísimos procesos canónicos de beatificación ponen en evidencia la humildad y la sencillez del alma de santa Gema, cuyo perfecto equilibrio mental y espiritual sigue siendo ejemplar. En la bula de canonización se mencionan explícitamente los estigmas y los éxtasis, y se afirma que todo muestra en ella la realización de las palabras del apóstol: “He sido crucificado con Cristo, y ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” (Carta a los Gálatas 2, 20).
ESPIRITUALIDAD
La “pobre” Gema (como ella firmaba) es considerada justamente modelo de una experiencia mística que en ella es sin duda extraordinaria, pero que está destinada a mostrar hasta qué punto son decisivas las virtudes de La sencillez y la humildad en la búsqueda de la conformidad con el crucificado, paradigma insustituible de toda santidad. Su deseo de ocultamiento (que santa Gema trata de acentuar, aspirando, sin conseguirlo, a hacerse monja pasionista) está en función de lo que el Señor le pide: ser víctima expiadora del pecado del mundo; más aún, sostener con su ejemplo y su intercesión a tantas criaturas “despojadas” como ella de todo por un cúmulo de desgracias y contratiempos, y socialmente marginadas. Estudiosos y pastores concuerdan a la hora de considerar actual el mensaje con el que Santa Gema Galgani remite a la cruz de Jesús, recordando con su extraordinaria experiencia que el evangelio no se puede vivir “en Señor’ sin adentrarse, por los caminos providenciales por los que el Espíritu conduce a cada uno, en una historia de sufrimiento, transfigurada sin embargo por la coparticipación vital en la pasión. El “Evangelio del sufrimiento” es el único que permite mantener la luz de la esperanza en un mundo que de otro modo parece irrecuperable, entre las falsas luces de las fortunas terrenas y la desesperada oscuridad en que se hunde la mayor parte de La humanidad desheredada. Esta humanidad está llamada a participar en la gloria del Resucitado y, por tanto, en una vida nueva, sólo pasando a través del sufrimiento redentor. De ahí la alta enseñanza de santa Gema Galgani acerca del valor místico del sufrimiento.
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