Nuestra vida: vocación a la Santidad en la Iglesia  para Dios en el mundo


Dios es santo
La voluntad de Dios, como dice San Pablo, es la santificación del hombre (ITes 4, 3; Ef 1, 4). Quiere que seamos santos como Él es Santo (Mt 5, 48).

En el documento de la “Lumen Gentium” (LG nn. 39-41),  nos dice: " todos estamos llamados a la santidad". Como referencia central de santidad lo tenemos a DIOS. Como Padre que crea  el universo y lo santifica. Como  Hijo que renueva y devuelva la gracia, la santidad a la humanidad, que se había perdido por el pecado. Y el Espíritu Santo quien va santificando continuamente  al mundo con sus dones.

La santidad es  dejarse amar y amar
La santidad en la Iglesia debe manifestarse constantemente a través de gestos concretos, es decir de frutos que el Espíritu  inspira  y produce en todo cristiano.
Jesús en su vida terrena  predicó la santidad de vida, de la que Él es Maestro y paradigma, a todos y cada uno de sus discípulos, de cualquier condición que fuesen. Y al finalizar su tiempo en este mundo, antes de subir al Padre, envió al Espíritu para que  con su fuerza amen a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y el corazón (Mc 12, 30) y para que se amen  unos a otros como Él les amó (Jn 13, 34; 15, 12). Es el mandamiento del amor.

Por su parte San Pablo  amonesta y exhorta a  que la comunidad de Éfeso, y a través de ella a nosotros, que vivamos como conviene a los santos (Ef 5, 3).
Una misma es la santidad que cultivan en cualquier clase de vida y de profesión los que son guiados por el Espíritu de Dios, obedeciendo a la voz del Padre, adorando a Dios en espíritu y verdad, siguen a Cristo pobre, humilde y cargado de la Cruz, para merecer la participación  de su gloria.

¿En qué consiste?
La santidad consiste en dejarse guiar por el Espíritu en el seguimiento de Cristo, en manifestar sus frutos de fe, esperanza y caridad al mundo. Muchos santos proclamados oficialmente y no oficialmente siguieron esta línea, la línea del AMOR.  Y nosotros estamos llamados constantemente a vivir y manifestar este amor. Jesús es el que toca la vida para entrar y santificarla. Simplemente  tirar del pistillo y dejarlo entrar.

Lo que se piensa de la santidad
Es verdad que la gran mayoría, hasta hoy en día, piensan que la santidad es el resultado contra el mundo, el  demonio y carne. La santidad  no es una lucha, sino un dejarse vencer, es abrir las puertas del corazón de para en par.  La lucha si la hay pero es  la lucha de uno con el Espíritu. Porque es él quien  viene a uno para hacerlo santo. Quiere poner su morada quiere tomar posesión. La lucha está  en que haya oposición, una lucha constante  por no dejarse vencer.
Los que son santos son aquellos que se han dejado vencer, poseer, habitar. No actúan por reconocimientos  o por intereses personales, sino movidos por el Espíritu de Cristo. Como remarca el Apóstol Pablo: “Los que son de Cristo, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias. Si vivimos según el Espíritu, obremos según Él (Gl 5, 24-25).

Es obra del Espíritu de Dios
Los santos pasionistas al igual que la inmensidad de los santos en la historia,  han sido personas como  nosotros, pero que  cedieron terreno y se dejaron modelar. Fueron perseguidos por el Espíritu hasta que un día los hizo suyos. Son santos porque pusieron en obras lo que es el verdadero sentido del amor, aúna costa de sus vidas. Y vivieron  crucificados por Cristo. Y reconocieron que  vivían ellos sino Cristo que vivían dentro de ellos (Gl 2, 9b-20).

En fin la santidad es demostrar el amor de Dios como el Buen samaritano. Defender al pobre, al que no tiene voz, ser contracorriente del sistema  actual que va matando al hombre y la mujer. Ser luchadores de la paz, de la verdad, la justicia, defensores de la vida, teniendo como eje principal la fuerza del Espíritu. Ya que sin Él no podemos hacer nada.

Entonces dejémonos conquistar por el Espíritu de Dios y aprendamos a ser arcilla en sus manos. Que sencillo, verdad, a simple vista; pero es un reto constante. Un dejarse  AMAR POR DIOS, como lo  hicieron tantos hombres y mujeres y que hoy lo siguen haciendo.

 

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